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| FUENTE: FDM SPORT |
Siendo las 10:30 de la mañana, el árbitro Robert Reyes da
por iniciado el encuentro entre ambos equipos, la euforia es total y los
instrumentos que habían ingresado al estadio comenzaron a ser protagonistas en
las tribunas. A lo lejos se podía observar a la hinchada visitante tratando de
poder equiparar la bulla que generaba la barra local, pero dentro de ese
pequeño cúmulo de gente se podía observar a una persona que, con una mirada muy
atenta, retaba a su hijo a demostrar o cumplir alguna apuesta que seguramente
se habían planteado antes del partido. Esa persona es Jhonier Montaño quien
acompaña el día de hoy a su primogénito, quien juega en la categoría 2002 del
club Deportivo Municipal, teniendo solo 14 años de edad.
Apenas han transcurrido 30 minutos de juego y ninguno de
los equipos puede hacerse del dominio del balón, cosa muy natural en estas
categorías en donde los directores técnicos tratan de realizar sus experimentos
tácticos y que tarde o temprano suelen desnudar algunas falencias dentro de la
cancha de juego. Si bien tratan de tener algún tipo de homogenización en el
trabajo táctico en las diversas categorías dentro de la institución, las
personas a mi alrededor del estadio y a ras de cancha me mencionan “Otra vez el
técnico cambió la alineación” o cosas como “El técnico de la categoría 2002 no
tiene muy clara la visión y trabajo que se viene realizando en el primer
equipo”.
Minuto 44 de juego, el equipo local tiene una chance de
gol muy clara frente al arco edil, el árbitro Reyes indica la pena máxima del
juego sin necesidad de consultar a su juez de línea, el árbitro muy
tajantemente en su decisión, indica que al defensa le impacta el balón en la
palma de la mano izquierda cerca al área chica del arquero. Las madres de
familia en la tribuna celebran la decisión del juez, todos los aficionados
dentro del estadio Purucucho están a la expectativa, se puede sentir una
tensión y a la vez una emoción de parte de los hinchas locales. Simon Mangold,
el goleador de la San Martin fue con mucha seguridad a tomar el balón, Mangold
hace 3 temporadas atrás había jugado en Esther Grande de Bentín y había sido un
jugador más dentro de su categoría, tras su arribo a la San Martin mejoro
muchísimo su producción goleadora. No es un secreto que el equipo blanco
últimamente viene trabajando muy bien sus categorías inferiores, teniendo en su
complejo de Santa Anita unas de las mejores instalaciones a nivel nacional.
Simón se prepara y se concentra, hace las ya típicas
costumbres que de seguro mira en su televisión por cable, se tapa la boca con
su mano derecha para indicarle algo a su compañero. Toma un tiempo para
respirar profundo. Se coloca en el punto penalti, lanza y anota. En el festejo
corre a la tribuna con un polo blanco estampado en alusión al día del padre,
ahora entiendo muy bien de qué cosa hablaba con su compañero. La tribuna local
festeja, los gritos y los aplausos de los aficionados frente a lo que había
hecho el jugador de la San Martin había hecho palpitar de emoción a todos los
presentes en el estadio. El marcador esta ahora a favor del equipo local, y el
árbitro Reyes indica la finalización del primer tiempo.
En estos partidos, cabe resaltar que no se realiza la clásica
despedida a los jugadores por 15 minutos de descanso, ya que los mismos
jugadores se acercan a la banca de suplentes, tratan de rehidratarse y
recuperar energías sin necesidad de ir a los camerinos. El profesor del equipo
visitante comenzaba a dar indicaciones a sus pupilos. No faltaba algún padre de
familia que pedía que ingresara al campo de juego su menor hijo. Hasta que
llegó el asistente arbitral, indicando a los utileros de los respectivos
equipos que el segundo tiempo estaba a punto de empezar. Los jugadores de ambos
equipos se reunieron y formaron un círculo, en donde se daban ánimos, se decían
unos a otros los errores cometidos y se llenaban de mucha valentía para poder
afrontar muy bien el segundo tiempo.
Sonó el silbato y todas las personas empezaron nuevamente
a reiniciar el uso de sus instrumentos, todos se unieron a favor de su equipo,
en busca de que en un segundo gol sellara las intenciones del equipo visitante.
Sin embargo, al parecer el técnico Berti Medina esto no le hacía mucha gracia,
pues mandó a calentar a todos sus jugadores que se encontraban en el banco de
suplentes.
Llegó el minuto 15, de la segunda mitad de juego y nada parecía poder cambiar
el marcador, un marcador que curiosamente había sido rediseñado con maderas y
cartones para que las personas que recién llegaran al estadio Purucucho, tengan
el conocimiento de cómo andaba el partido.
Hasta que llegó el minuto 30 y el hijo de Jhonier Montaño, que curiosamente
lleva el mismo nombre que su padre, anotó el gol del empate y corrió a
celebrarlo con él, las tribunas enmudecieron y la barra visitante comenzó a
gritar su clásico grito de guerra “ Echa Muni, Echa Muni”. Los aficionados
locales estaban furiosos, el equipo visitante podía dar vuelta al marcador, el
encuentro se volvió de ida y vuelta los últimos 15 minutos. Los hinchas temían
lo peor, pero el silbato sonó y el marcador quedo empatado, las hinchadas al
igual que los jugadores terminaron dándose una tregua y aplaudiendo la actitud
de los chicos.

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