CATEGORÍA 2002 : DEPORTIVO MUNICIPAL VS UNIVERSIDAD SAN MARTÍN

FUENTE: FDM SPORT
Son las 9 de la mañana y hoy nos toca cubrir el partido entre Deportivo Municipal contra la Universidad San Martín en Ate Vitarte, exactamente en el estadio Purucucho. Llegué muy temprano al estadio aún quedaba una hora para el inicio del encuentro por la fecha 12 del torneo Copa Federación Oro. Las familias empezaban a ingresar al estadio, algunos acompañados de instrumentos para dar aliento a sus retoños, ya que es un partido clave para ambos equipos que aspiran con poder alcanzar el título a fin de año. Ya son las 10 de la mañana y el clima parece ser idóneo, el sol comienza a brillar con un poco de fuerza. En conclusión, algunos aficionados a minutos de empezar el partido empezaron a correr para comprar desesperadamente agua helada y tratar también de refugiarse en algún lugar, ya que se esperaba un largo mediodía soleado.


Siendo las 10:30 de la mañana, el árbitro Robert Reyes da por iniciado el encuentro entre ambos equipos, la euforia es total y los instrumentos que habían ingresado al estadio comenzaron a ser protagonistas en las tribunas. A lo lejos se podía observar a la hinchada visitante tratando de poder equiparar la bulla que generaba la barra local, pero dentro de ese pequeño cúmulo de gente se podía observar a una persona que, con una mirada muy atenta, retaba a su hijo a demostrar o cumplir alguna apuesta que seguramente se habían planteado antes del partido. Esa persona es Jhonier Montaño quien acompaña el día de hoy a su primogénito, quien juega en la categoría 2002 del club Deportivo Municipal, teniendo solo 14 años de edad.

Apenas han transcurrido 30 minutos de juego y ninguno de los equipos puede hacerse del dominio del balón, cosa muy natural en estas categorías en donde los directores técnicos tratan de realizar sus experimentos tácticos y que tarde o temprano suelen desnudar algunas falencias dentro de la cancha de juego. Si bien tratan de tener algún tipo de homogenización en el trabajo táctico en las diversas categorías dentro de la institución, las personas a mi alrededor del estadio y a ras de cancha me mencionan “Otra vez el técnico cambió la alineación” o cosas como “El técnico de la categoría 2002 no tiene muy clara la visión y trabajo que se viene realizando en el primer equipo”.

Minuto 44 de juego, el equipo local tiene una chance de gol muy clara frente al arco edil, el árbitro Reyes indica la pena máxima del juego sin necesidad de consultar a su juez de línea, el árbitro muy tajantemente en su decisión, indica que al defensa le impacta el balón en la palma de la mano izquierda cerca al área chica del arquero. Las madres de familia en la tribuna celebran la decisión del juez, todos los aficionados dentro del estadio Purucucho están a la expectativa, se puede sentir una tensión y a la vez una emoción de parte de los hinchas locales. Simon Mangold, el goleador de la San Martin fue con mucha seguridad a tomar el balón, Mangold hace 3 temporadas atrás había jugado en Esther Grande de Bentín y había sido un jugador más dentro de su categoría, tras su arribo a la San Martin mejoro muchísimo su producción goleadora. No es un secreto que el equipo blanco últimamente viene trabajando muy bien sus categorías inferiores, teniendo en su complejo de Santa Anita unas de las mejores instalaciones a nivel nacional.

Simón se prepara y se concentra, hace las ya típicas costumbres que de seguro mira en su televisión por cable, se tapa la boca con su mano derecha para indicarle algo a su compañero. Toma un tiempo para respirar profundo. Se coloca en el punto penalti, lanza y anota. En el festejo corre a la tribuna con un polo blanco estampado en alusión al día del padre, ahora entiendo muy bien de qué cosa hablaba con su compañero. La tribuna local festeja, los gritos y los aplausos de los aficionados frente a lo que había hecho el jugador de la San Martin había hecho palpitar de emoción a todos los presentes en el estadio. El marcador esta ahora a favor del equipo local, y el árbitro Reyes indica la finalización del primer tiempo.
En estos partidos, cabe resaltar que no se realiza la clásica despedida a los jugadores por 15 minutos de descanso, ya que los mismos jugadores se acercan a la banca de suplentes, tratan de rehidratarse y recuperar energías sin necesidad de ir a los camerinos. El profesor del equipo visitante comenzaba a dar indicaciones a sus pupilos. No faltaba algún padre de familia que pedía que ingresara al campo de juego su menor hijo. Hasta que llegó el asistente arbitral, indicando a los utileros de los respectivos equipos que el segundo tiempo estaba a punto de empezar. Los jugadores de ambos equipos se reunieron y formaron un círculo, en donde se daban ánimos, se decían unos a otros los errores cometidos y se llenaban de mucha valentía para poder afrontar muy bien el segundo tiempo.

Sonó el silbato y todas las personas empezaron nuevamente a reiniciar el uso de sus instrumentos, todos se unieron a favor de su equipo, en busca de que en un segundo gol sellara las intenciones del equipo visitante. Sin embargo, al parecer el técnico Berti Medina esto no le hacía mucha gracia, pues mandó a calentar a todos sus jugadores que se encontraban en el banco de suplentes.

Llegó el minuto 15, de la segunda mitad de juego y nada parecía poder cambiar el marcador, un marcador que curiosamente había sido rediseñado con maderas y cartones para que las personas que recién llegaran al estadio Purucucho, tengan el conocimiento de cómo andaba el partido.


Hasta que llegó el minuto 30 y el hijo de Jhonier Montaño, que curiosamente lleva el mismo nombre que su padre, anotó el gol del empate y corrió a celebrarlo con él, las tribunas enmudecieron y la barra visitante comenzó a gritar su clásico grito de guerra “ Echa Muni, Echa Muni”. Los aficionados locales estaban furiosos, el equipo visitante podía dar vuelta al marcador, el encuentro se volvió de ida y vuelta los últimos 15 minutos. Los hinchas temían lo peor, pero el silbato sonó y el marcador quedo empatado, las hinchadas al igual que los jugadores terminaron dándose una tregua y aplaudiendo la actitud de los chicos.

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